Las bellas edificaciones cristalinas en el horizonte que reflejaban la luz del alba no pudieron distraerme del terror que recorría mi cuerpo. La actuación de seguridad al lado de Daniel me salió muy bien pero no me había podido engañar a mí misma. El temor de ser perseguida no había cambiado en nada durante estos siglos. Peor aún, ahora era mayor. El que nuestro canto no tuviera efecto sobre los nautas nos dejaba sin nuestra mayor defensa, sin contar a Daniel por supuesto.
Pese a estar a varios kilómetros de distancia del Centro Histórico aun me sentía insegura. Achlys, la sirena más fuerte y poderosa que conocía, hubiera muerto esta noche si no es por la intervención de nuestro amigo. ¿En qué posición me dejaba esto a mí? Quinientos años de experiencia aproximadamente me separaban de mi compañera y por lo mismo mis habilidades eran poco en comparación. ¿Realmente esperaba poder sobrevivir a otra huida?
– ¡Mel! – la voz de Daniel me saco de mi torbellino de dudas.
Dirigí mi mirada hacia la espalda de Achlys donde él se encontraba.
– ¡Tenemos que descender, la luz nos deja a la vista de cualquiera! – gritó.
Con aquella aseveración me di cuenta de que la imagen de dos sirenas sobre Santa Fe crearía un gran escándalo y eso le facilitaría al nauta el encontrarnos. Achlys se lanzo en picada hacia un centro comercial cercano con una asombrosa velocidad que me hizo perderla de vista. Trate de igualar la rapidez de descenso pero me fue imposible; aún no dominaba del todo la densidad del aire.
Al darles alcance los encontré sobre una amplia terraza haciéndome señas. No importaba cuanto me esforzara, aquella sirena siempre estaba por delante de mí en cualquier ámbito. Planeé junto a ellos y retome mi forma humana al tocar el suelo de mármol. Antes de darme tiempo a nada, Daniel me tomo del brazo y me llevo hacia la puerta de acceso a lo que, parecía, era la zona de comida rápida. Trato de abrirla pero esta se resistió; tenía cuatro seguros por dentro.
– Achlys, ¿nos harías el favor? – dijo con una amplia sonrisa casi burlona haciendo una reverencia con su brazo libre.
– ¿Algo más que desees?– preguntó sarcástica mientras se acercaba a la puerta y dejaba salir de sus labios su melodía.
– Pues ahora que lo mencionas, si quiero algo más. La ronda de bebidas que me debes – el oráculo soltó una carcajada.
Me parecía incomprensible como podían estar tan calmados ante los sucesos que habían ocurrido hace menos de una hora. El solo recuerdo de aquel uniformado negro me daba escalofríos.
Tras la transparente superficie una silueta humanoide se aproximaba a la puerta. Tardé un poco en entender que sucedía; el mortal se encontraba poseído por el canto de Achlys. El robusto hombre saco de uno de sus bolsillos unas llaves y una a una fue abriendo las cerraduras.
Entramos, tras dormir al humano, y nos encaminamos hacia el barandal frente a nosotros. El centro comercial consistía en tres niveles de gran longitud bordeado de miles de tiendas de ropa, zapatos y tiendas departamentales. En todo el lugar identifique el palpitar de doce personas. Daniel nos tomo a ambas de la mano.
– Ya que estamos aquí vamos a aprovechar que no hay nadie
Llegamos a las escaleras eléctricas, las cuales tuvimos que bajar de la forma tradicional ya que no estaban en funcionamiento. Nos detuvimos en algunos aparadores a ver los productos en exhibición y antes de retirarnos de uno que mostraba maniquís con vestidos de noche un fuerte tirón me hizo caer al suelo. El aparador estallo estridentemente dejando caer una lluvia de cristales sobre nosotros.
Levante la vista hacia arriba y me encontré con un nauta que preparaba dos flechas en su ballesta desde el piso superior. Daniel alzó los brazos hacia enfrente con las palmas extendidas en dirección de nuestro atacante y el familiar manto acuoso nos rodeo en semicírculo. Achlys me ayudó a incorporarme y me ordenó transfigurarme. Algunos pasos y exclamaciones se oían a lo lejos.
– Vallamos a mi departamento– susurró Daniel – a la cuenta de tres nos vamos por el pasillo izquierdo y salimos por las puertas de Fabricas de Francia ¿ok? –.
El plan pareció factible hasta la cuanta de dos puesto que dos nautas nos cercaron ambos pasillos. Aquel trío no dejaba de dispararnos pese a darse cuenta de que las flechas no atravesarían la protección de Daniel.
– Plan B – se encogió de hombros.
– Haz lo que yo haga – me indicó Achlys.
E inhalando profundamente de su garganta liberó un grito atronador y agudo. La armonía estridente de aquel grito llevó a los nautas a soltar sus armas y a taparse los oídos. Y sin perder tiempo trate de secundar aquel truco vocal que nos podía salvar la vida.
La infraestructura explotó al ser casi en su totalidad de vidrio; los mosaicos, que adornaban los pasillos, se agrietaron periódicamente; los mostradores de madera fueron tronando lentamente hasta astillarse por completo y el metálico sostén del edificio protestó con incesantes chasquidos. No perdimos tiempo. Tomando cada una de los hombros a nuestro salvador alzamos vuelo. Hice lo posible por apoyar a mi compañera con la densidad del viento pero aún así sentí que nos faltaba velocidad.
De pronto una gran fuerza nos arrebato a Daniel de las garras y nos obligo a detenernos en seco. De alguna forma un cuarto nauta había saltado sobre nosotras desde los restos del techo logrando aferrarse a los tobillos de Daniel.
– ¡Vete, yo me encargo de este nauta, te vemos donde acordamos! – gritó con frustración Achlys a la vez que se lanzaba en picada donde ambos chicos se disputaban entre los escombros.
Intenté seguir el camino original pero los pasos acelerados de tres sujetos hacia el punto donde estaban mis amigos llegaron a mis tímpanos. No obstante no sabía qué hacer; quizás solo serviría de estorbo si regresaba o tal vez serian capturados por no haberlos ayudado. Sentí como las dudas y posibles escenarios me calcinaban la mente y me estrujaban el pecho. Todo estaba pasando tan de prisa. ¿Qué debía de hacer?
– ¿Cómo salimos de esta? – la pregunta de la sirena viajó por el aire hasta mí y fue suficiente para tomar una decisión.
Esperaba que mis recuerdos de este lugar no me traicionaran ahora y que el escudo oracular pudiera retener el ataque de los encapuchados. Cerca de donde estaba, en el primer piso, encontré el establecimiento que buscaba. La tienda de mascotas o al menos lo que quedaba de ella.
Al ser la protección de la entrada una reja de metal la mayoría de los animales se encontraban dentro haciendo un gran barullo. Con mis patas aprisione los barrotes de la reja y jale con todas mis fuerzas para abrirla. Tras varios intentos la cortina metálica por fin se desprendió. Los animales cautivos salieron en todas direcciones; no importaba. Necesitaba la ayuda de seres más inteligentes y con los cuales podía comunicarme. Me obligue a tener confianza por una vez y extrañamente supe que lo lograría. Canté con ahínco en la lengua madre de todas las aves y estas, saliendo de entre los restos de la tienda, se reunieron a mí alrededor creando un mar de plumas multicolor respondiendo con sus diversas melodías a mi llamado.
Una descarga de energía y libertad embargó mi ser. Ahora entendía la magnitud de mi poder y mi tiempo. Esto era ser una sirena.
En un coro que sabía, era el más bello del mundo, me enfrente a mis miedos y volé a salvar a mis amigos.
Hola Kike :3
ResponderEliminarMe gusta la temática que manejas
y la parte del humano poseído es
genial, nada más checa los acentos
se te fueron varios, en especial en
las palabras graves.
Gracias por comentar :))
creo que una de las cosas que me gusta de esta historia es que ... suceden en la Ciudad de Mexico son mencionar que no trata de vampiros ni de consas convencionales :)
ResponderEliminarEs ... ORIGINAL... jamas habia leido de algo magico que sucediera en la Ciudad de Mexico :)