sábado, 13 de noviembre de 2010

Cantos de Sirena (parte 1) Canto de huida.

Todos se agitan rítmicamente de un lado a otro. La música electrónica llena el ambiente. Varios chicos me han invitado a bailar y aún así, siento cierto vacío en el antro: Queer Queen es uno de los establecimientos más prestigiosos de la Zona Rosa. Al menos para la comunidad gay.
        ¿Vas a quedarte ahí toda la noche? –  me preguntó Daniel.
        Es lo más factible –  respondí con desgana.
El acompañar a Daniel en sus aventuras por escandalosos bares por toda la ciudad es algo que, en condiciones normales, no hago. Sin embargo hoy es diferente.  Antes del amanecer, Josué, el mejor amigo mortal de Daniel, murió tras una complicación postoperatoria. Por esa razón Melanea y yo lo acompañábamos por enésima vez  en una de sus noches de luto.
Desde las seis de la tarde hemos estado saltando de antro en antro sin un rumbo fijo. Daniel siempre ha dejado claro que durante este tipo de noches  su propósito es ponerse ebrio, y, si tiene suerte, conseguir un ligue pasajero. Anteriormente nos habíamos preocupado por las consecuencias de este libertinaje, pero después del quinto mortal,  que por su muerte, decidía hundir su dolor en diversión y sexo, la preocupación se había esfumado. Muy pronto encontraría a otro chico a quien considerar su mejor amigo y su actual miseria sería otro recuerdo lejano.
Tras suplicarme con esa cara, a la que sabe que no le puedo decir que no, accedí a bailar. Pasó aproximadamente una hora, en la que nos movimos al son de las canciones, para que Melanea convenciera a nuestro amigo de cambiar de aire.
Los tres salimos del bar rumbo a la calle Madero. Según facebook se había abierto un nuevo bar llamado El portal.
Tratamos de apresurarnos a llegar al estacionamiento ya que, según Daniel, todavía era temprano y apenas estaba mareado. En un humano, posiblemente, treinta y siete martinis y veinte vodkas podrían provocarle un coma etílico, pero en uno de nosotros apenas si nos dejaba el aliento a alcohol. No era para menos, tres mil años de vida como mínimo, nos habían hecho más resistentes a diversas sustancias.
Al subir al auto de Melanea la brisa marina nos inundó los pulmones. Se notaba que era demasiado joven para cubrir por completo las huellas que la podían delatar, aún así le estaba agradecida por recordarme mi hogar. Como extraño el vivir en la costa. La plática durante el viaje fue banal pero curiosamente relajante. No tardamos mucho en llegar a nuestro destino.
La entrada hacía honor a su nombre. Una gran puerta circular de diseño futurista daba la idea de ser alguna especie de máquina del tiempo. Daniel tomó del brazo a Melenea y se propusieron entrar mientras que yo me quedé atrás.
        ¿No vienes? – me preguntaron casi al unisonó.
Negué con la cabeza. Me encontraba fastidiada, además al día siguiente tenía que ir a trabajar al museo en una visita guiada con niños de primaria. Daniel hizo una mueca de disgusto y mi compañera me despidió agitando su brazo libre. Les sonreí.
El ondear de las banderas de un hotel cercano, el claxon de algún auto perdido en el Zócalo, el constante golpeteo de unos pasos sobre la acera y la conversación de una joven por su celular eran los sonidos más próximos que pude captar. Por el castañeo de los dientes de un pordiosero que abrazaba su abrigo fuertemente, supe que hacía frío. La verdad ya no recordaba lo que era esa sensación.
Observando su postura y su ceño sentí que debía de ayudarle o al menos brindarle calma. Me acerque a aquel hombre y comencé a cantarle mientras me sentaba a un par de metros de él. Hacía mucho que no usaba mi voz para afectar a un ser humano. Con el fluir de las notas de mi garganta su temblor se fue disipando al mismo tiempo que sus párpados lo inducían a un descanso ilusorio. Instintivamente callé.
Uno de los sonidos, aquellos pasos en específico, no estaban bien. Trataban de acercarse sigilosamente. Agudicé el oído. La cantidad de aire que entraba a sus pulmones me hizo identificarlo como un hombre no mayor de los veinticinco años; el mínimo sonido entre sus parpados me demostró que miraba fijamente y las ondas sonoras que evocaban fricción me llevaron a la conclusión de que sostenía algo metálico.
De pronto los pasos cesaron sin razón aparente. ¿Qué había pasado? Las risas de una pareja de mediana edad me sacaron de mi concentración. Por un momento quise creer que me había imaginado todas aquellas resonancias, pero mi débil explicación se desvaneció al oír en la cuadra próxima la voz de mi perseguidor.
        En cuanto pasen estos idiotas, serás mía, sirena
No sabía si su intención fue el que lo escuchara o sólo le había dado la connotación de segunda persona para aumentar el drama en su propia mente. No me quedé a averiguarlo. En cuanto los dos mortales pasaron por mi lado me levanté y eché a correr con la mayor velocidad de la que era capaz. La inhalación abrupta en el pecho de aquel nauta me informó que lo había tomado por sorpresa. Sólo cinco pasos fueron suficientes para tomar velocidad y saltar al aire.
Mis brazos se extendieron mientras los poros de mi cuerpo daban paso a las pardas plumas. Mis cuerdas vocales se afinaron de una forma antinatural en el mundo humano. Las articulaciones de mis piernas se invirtieron entre fuertes chasquidos y los dedos de mis pies se volvieron garras aviares. El roce del viento me hizo recordar que en esta forma estaba completa, que ahora me sentía yo misma.
Agité enérgicamente mis extremidades para llegar a una mayor altura. La carrera del nauta llegó a mis tímpanos. Tenía que ser más veloz si quería salvar mi vida, desde Londres tenia la experiencia de que  cuando te transfigurabas los nautas comenzaban a disparar una lluvia de flechas de hierro.
Me faltaba poco para llegar a la punta de la torre latinoamericana cuando un par de flechas me sorprendieron a mi costado derecho. No las había podido oír con normalidad. Tal parecía que se habían dedicado a mejorar sus armas en los quinientos años que separaban mi último encuentro con un nauta de la actualidad.
Giré en el aire para poder ver de frente la calle. La silueta se movía rápidamente para darme alcance. Tomé todo el aire que me permitían mis pulmones y canté fuertemente tratando de entrar en su mente y disuadirlo de sus intenciones. Las ventanas de la calle vibraron con mis notas y el viento se arremolino sobre el obscuro encapuchado.
Sin embargo, fuera de un pequeño tambaleo de su parte y de que pareció desorientarse por un momento, no ocurrió nada de lo que debía pasar. Me sentí vulnerable ante mi futuro homicida. No era posible que aquel nauta fuera resistente a mi canción. ¿Qué estaba pasando?
En mi desconcierto, el descendiente de navegantes apunto nuevamente su ballesta y disparó. Traté de elevarme pero algo me dijo en mi interior que no podría escapar. Había reaccionado muy lentamente. Cerré los ojos.
Un sonido electrizante retumbó delante de mí. Abrí lo ojos y me encontré con un manto casi acuoso que mantenía suspendidos ambos dardos detrás de su superficie.
        Un gracias será suficiente – se burló Daniel.
Lo busqué con la mirada. Daniel mantenía su brazo derecho extendido en mi dirección y el otro sostenía un vaso de extraños colores con hielo. A su lado, completamente transformada, me saludaba Melenea. Ambos ocupaban el lugar de honor del mirador de la torre latinoamericana.
        Recuerda que me debes una ronda – y aquel risueño oráculo se terminó de un solo trago la extraña bebida fluorescente.

5 comentarios:

  1. la primera ves que leí algo tuyo creo fue la ves que te conocí, y admito que desde entonces sabia que escribías pero no de esta manera, realmente vi un texto muy largo y cuando termine de leerlo, fue tan rápido, breve y me dejaste con ganas de mas :) gracias a dios que hay una segunda parte :)
    me gusto muuuuuucho :)
    atte: Joana HUM no se porque aparece "paola" HUM

    ResponderEliminar
  2. Pablo, q linda historia,me encantó la mezcla de personajes fantásticos con un ambiente común y la trama es increíble :D Ya extrañaba leer algo tuyo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Pablito hasta donde voy me agrada mucho en verdad quiero leerlo todo jajaj me agrada leerlo ya q va en la cuarta parte jajajja :P en verdad es un placer leer tus historias me encanta esta, los seres mitologicos son fantasticos y el descaro de Daniel me grada jajaja :P En verdad que no excucharte contarla es una lastima y se extraña bastante pero leerte es asombroso jaja me agrada por cierto la forma en la que llebas las trama y en cuanto a los lugares digamos q al menos las calles se me hacen conocidas asi q me gusta :)

    ResponderEliminar